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  EL CÓMIC DE TEMA MEDIEVAL

Desde el mismo nacimiento del arte del cómic en nuestro país, a
partir de 1865, las referencias al medioevo aparecen un poco a
contrapié ante la linea humorística que se dibuja sobre esa época
histórica. Esta temática se refleja tanto en las revistas satíricas e
ilustradas para adultos como en las infantiles, así como también en
las primeras publicaciones de cómics.


A pesar de ello, el cómic ambientado en la Edad Media ocupa poco
espacio: normalmente, con aventuras cortas de una o media
páginas, incluidas de forma dispersa en algunas publicaciones.

Apeles Mestres, gran ilustrador y uno de los primeros dibujantes
introductores del cómic en Catalunya y, por lo tanto, en todo el
Estado español, es el primero que aborda alguna aventura larga de
tema medieval como EL CONDE TAL, creada en 1878, o LA BRIVIA
(1902); y también realiza alguna página suelta similar.
Más adelante, las revistas 
 de cómics que surgen
 regularmente o de forma
 continuada a partir de
 DOMINGUIN (1915) y 
 TBO (1917), comienzan a
 incluir, de manera ocasional, 

páginas de humor medievalista que llegan hasta la Guerra Civil española. Pero es partir de la posguerra civil cuando se inician las grandes colecciones de cómics de tema medieval.
En aquel momento, confluyen, por un lado, la eclosión de jovenes dibujantes noveles que desarrollan el cómic a partir de emular a los veteranos que les preceden; y por el otro, la transformación que tiene la historieta española, pasando, de realizar cómics humorísticos, a dibujar en la linea realista importada de los EE.UU, desde 1934-1935.

La aceptación del cómic realista, con la aplicación del claroscuro --con su gama de luces y sombras en el cómic autóctono--, y la posibilidad de desarrollar series de largo recorrido, propiciarán el nacimiento de algunos de los héroes de ficción más importantes de los cómics editados en España; estas series y personajes, son hoy una parte muy importante de nuestro rico acervo cultural y una no menos importante fuente documental de referencia.
En 1944, con la aparición del posteriormente famoso justiciero cristiano EL GUERRERO DEL ANTIFAZ, --obra de continuará extensa, ya que resulta ser la saga más larga publicada en España--, 

 Es cuando emergen las historietas seriadas de estas características, y también cuando se crean los grandes cómics de tema medieval.

El éxito de EL GUERRERO... 
sólo se explica por el hecho de editarse en una época de represión política, censura cultural y pobreza de recursos económicos, y por dos factores fundamentales: el primero, que el autor es un perfecto narrador gráfico, y todo lo que hace, lo impregna de un estilo personal poco común, al que acompaña una fantasía exhuberante que va in crescendo a medida en que el relato avanza; y el segundo, lo constituye el desarrollo y afianzamiento de la aventura épica por sí misma.

El análisis de la saga EL GUERRERO DEL ANTIFAZ y la de EL CAPITÁN TRUENO, otra serie medieval de éxito contrastado, sirven como ejemplo válido y como representación global de este tipo de publicaciones. El maniqueísmo a ultranza, que en muchas ocasiones aparece reflejado en sus páginas, resulta coincidente en ambos personajes --portaestandartes y concurrentes de los diversos héroes aventureros de corte medievalesco--. Esto, nos permite conocer ampliamente el "modus operandi" de todos los demás.

Las dos publicaciónes anteriores, junto al amplio espectro de los distintos cómics de aventuras de la posguerra civil, se circunscriben a una época de fuerte dominación franquista y una opresión feroz de la sociedad española. 
 En este tiempo de
 impostura, por el cúmulo de
 inconvenientes que debió
 soportar la población llana,
 fueron perjudicados tanto
 los autores como los 
 editores de cómics, 

por el férreo control que la dictadura ejerció durante casi 36 años contra toda la cultura, pero especialmente
 la no oficial . La imagen del tirano en el cómic de aventuras y, sobre todo, en los de tema medieval, era causa y efecto de la aparición del héroe épico. En esa época oscura, el lector antifranquista, siempre relacionaba la imagen y personalidad del "malo" de conveniencia, a la figura opresiva e omnipresente de Franco.  Cuando el genocida o el dictador eran muertos, defenestrados o desterrados, el guionista gráfico siempre contaba con la complicidad de los lectores en hacer suyos los postulados de luchar en pro de la justicia y en el descabalgamiento de los opresores; de alguna manera, pretendían ser un símil de la realidad que se hubiera querido aconteciera en España, con la desaparición del dictador.

Sólo con el fallecimiento de Franco, la libertad de expresión volvió a estar presente en el mundo del cómic autóctono. Pero el dictador murió demasiado tarde; el mal que se hizo muchos años antes a la cultura con la llamada ley Fraga, supresora de la violencia por arma blanca en los cómics infantiles y juveniles, nunca pudo paliarse. Lo único que se ganó fue que, a partir de esa fecha, se comenzaron a elaborar los mejores textos literarios para los cómics en general y para los de aventuras en particular. Con todo, y pese a estar libres de medidas inquisitoriales, estos guiones y personajes no hiceron olvidar a sus antecesores de género medieval. Siempre seguían recordándose los maravillosos años de ensoñación y fantasía épica de: EL GUERRERO DEL ANTIFAZ, EL CAPITÁN TRUENO, SANGRE EN BIZANCIO, EL CABALLERO DE LAS 3 CRUCES, FLECHA NEGRA, EL REY DEL MAR, TERCIOPELO NEGRO o TIRANT LO BLANC, por ejemplo.
Para acabar, hemos de decir, como siempre: que conocer el pasado de nuestros cómics es 
conocer también una 
parte importante de la historia y de la cultura de nuestro país. El cómic medieval, hoy, también, forma parte de este rico acervo.


Josep M. Delhom
Director del Museo

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