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Ilustración


13 Rue del
Percebe
(En color 700x986)

Foto de Ibañez en el Museo

 


 

 

Sin ninguna duda y desde hace ya un montón de años, Ibáñez está considerado el mejor dibujante de humor del Estado Español y actualmente el más valorado internacionalmente. Reúne en su persona un montón de cualidades teniendo a gala ser el artista dibujante de cómics más popular, el más editado, el más leído, y el más querido. Nada mas que por la ingente producción de este h considerado el mejor dibujante de humor del Estado Español y actualmente el más valorado internacionalmente. Reúne en su persona un montón de cualidades teniendo a gala ser el artista dibujante de cómics más popular, el más editado, el más leído, y el más querido. Nada mas que por la ingente producción de este historietista podría figurar en el libro Guinnes de los record.

Pero todo el mundo reconoce mas a Ibáñez, por sus entrañables personajes insertos dentro la mitología popular del cómic humorístico del Estado español.
Entrar dentro de los recuerdos de Ibáñez, es , 
penetrar posiblemente por 
sorpresa dentro de la
propia historia de nuestro
cómic. Francisco Ibáñez, a pesar de que él crea anodina su biografía está llena de interés y divertimento, tal como si se tratara de la de uno de sus elogiados héroes de ficción.

Francisco Ibáñez Talavera nace en Barcelona, el mes de marzo del año 1936. Los primeros años de su vida transcurren dentro de la sombría etapa de la guerra civil.

Acabada la conflagración, cursa estudios primarios en la Ciudad Condal; muy pronto demuestra en la escuela, su habilidad dibujando y copiando todo aquello que pasa por delante de él. El manejo del lápiz le acelera como un cohete y de esto pronto dan cumplida demostración las paredes de su casa paterna.

A los 5 años el niño Ibáñez envió un dibujo a la revista CHICOS de Consuelo Gil, la cual le incluyó aquel pequeño trabajo dentro de la sección donde colaboraban los lectores de aquella famosa publicación. Lógicamente en la escuela, Ibáñez, fue envidiado por sus compañeros de aula y elogiado por sus profesores; alguno de ellos vaticinaron al niño un futuro artístico brillante.
El estudiante Ibáñez, desde siempre fue un admirador ferviente de las películas norteamericanas de humor. Sus personajes favoritos eran: Charles Chaplin (Charlot), Buster Keaton, Stan Laurel y Oliver Hardy, Harold Lloyd, etc.

 Aquellas películas estuvieron muy en boga en los primeros años de la República Española y también en la época de la dictadura franquista. Con el paso del tiempo, el joven aficionado se convirtió en un devorador de todo cómic humorístico que cayó en sus manos. También sentía una extraordinaria admiración por los dibujantes de la Editorial Bruguera, los cuales desde el renacer a partir de 1947 de la publicación PULGARCITO, sorprendieron a todo el mundo con un lenguaje surrealista y un estilo moderno de dibujo.

Acabados los estudios primarios, Ibáñez, cursó los superiores y el peritaje mercantil. Desde muy joven siempre tuvo claro lo que quería hacer: trabajar para llevar un sueldo a su casa con el que poder ayudar a su familia y después dibujar. Debido a esta afición se convirtió en un historietista autodidacta; en aquellos momentos ignoraba si se enseñaba dibujo humorístico en alguna academia.
Así, de esta manera, cuando el joven artista, un imberbe muchacho, casi un niño, se colocó de botones en una entidad bancaria de Barcelona donde ganó su primer sueldo, en una época de oscuridad cultural, social y política

. No hace falta decir lo que habitualmente hacia Ibáñez, entre tarea y tarea o cuando disponía de momentos de relajación: dibujar y copiar personajes de cómics, de autores de valía tan reconocida como: Opisso, Coll y Benejam, y por encima de todos, Escobar y Vázquez.

Cuando aun no hacia un año de su trabajo en el banco, Ibáñez, dejo de lado el aprendizaje de les cuentas corrientes, los créditos, las hipotecas y otras labores de la entidad financiera. Quiso probar fortuna dentro del arte de dibujar cómics, lo que entonces se llamaban "tebeos". Esta palabra era un tanto altisonante para unos y despreciada por otros, a muchos padres de futuros artistas, les pareció que quien quisiera dedicarse a hacer de historietista es que había perdido el juicio. A pesar de los consejos paternos, esta fue finalmente su decisión.

La entrada de Ibáñez en el mundo del cómic, fue un tanto motivada por diferentes circunstancias, las cuales finalmente le decidieron a entrar en el campo profesional. Fue admirador de Manuel Vázquez, de quien se consideró en deuda, creando los primeros trabajos. Ibáñez siempre ha mantenido que su mentor fue uno de los más grandes historietistas españoles de todos los tiempos.
En el año 1954, después de pasar por diferentes editoriales de Barcelona dejando muestras de sus trabajos, consiguió que se le publicara la primera página. Se trataba de una historieta muy primaria, en un estilo tosco y un tanto despersonalizada, en la cual Ibáñez, rendía un homenaje a su admirado Vázquez; 

la revista que contempló al novel artista fue EL BARBAS, cómic de muy corto vuelo, puesto que no pasó del primer número.

Empieza una etapa abrumadora de producir y producir páginas y más páginas, portadas, ilustraciones; colaboró, al unísono, para una, dos, tres y más editoriales diferentes, aceptando todo lo que le proponían. En aquellos momentos, Ibáñez, trató de mejorar y pulir su estilo, trabajando de forma acelerada. Sabia muy bien que aquella era una manera de adquirir experiencia y al mismo tiempo, poder llegar a ser conocido por todo el mundo editorial.

La editorial Marco era una modesta empresa familiar que durante un buen número de años, se sitúa dentro del grupo de cabeza en el lanzamiento al mercado de un buen número de cómics de todo tipo: románticos, bélicos, de aventuras, etc., conformando un crisol variopinto donde se mezclan artistas noveles y consagrados.

Después encontramos al joven historietista en trabajos aislados, como su contribución a CHICOLINO. Poco a poco, Ibáñez, se va atrayendo influencias ajenas convirtiéndose en un interesante dibujante de humor.

Cuando el productivo y polifacético Emilio Boix, durante años factótum de la editora, marcho a "hacer las Américas", Ibáñez, asumió la labor de "hombre orquesta" junto a Martínez Osete, dibujante de historietas, tanto para HIPO como para LA RISA, actividad que duró hasta el año 1957,
En las manos de Ibáñez pusieron personajes, como: DON USURA, HACIENDO EL INDIO, LA FAMILIA REPOLLINO, CARTAPACIO Y SEGUIDILLA, NICOMEDES CAMUESO, KOKOLO, o MELENAS; algunos de ellos eran cogidos a contrapelo por haberlos dejado colgados otros dibujantes. El joven artista se convirtió en un obrero a precio fijo de la editorial con una producción exagerada de cómics, lo que por otro lado le permitió ir mejorando gradualmente su estilo.

Un año mas tarde, Ibáñez fichó para Bruguera, en aquel momento, la más importante editorial del país. Con su incorporación a la editorial se conjuntaron dos logros. En el ámbito personal; realizar sus sueños de historietista: llegar a crear cómics de autor para una gran empresa. Y el ideal de su editor se cumplía al poder disfrutar de un joven dibujante de talento que prometía y que reunía entre otras cosas, ser un trabajador infatigable.

Transcurridos unos meses de su aterrizaje en Bruguera y, después de solventar diferentes encargos de páginas auto-conclusivas y alguna que otra ilustración, se le dio a Ibáñez, la posibilidad de crear un personaje de humor. El personaje o personajes fueron dos: MORTADELO Y FILEMÓN. De hecho, nacieron en la revista estrella de la casa: PULGARCITO, una publicación que estaba en los quioscos desde el año 1921, con breves paréntesis de publicación debidos a la difícil posguerra. Estos personajes fueron sugeridos a Ibáñez por Rafael González, director artístico de Bruguera. El dibujante hizo un muestrario de variadas tipologías de los personajes, hasta conseguir que el director de ediciones confirmara el aspecto definitivo de ambas creaciones. Esta pareja de detectives, que nacieron en el año 1958 fueron unos divertidísimos antihéroes y hoy, casi dos generaciones después, todavía son los más populares y conocidos personajes de humor creados en el país.

MORTADELO Y FILEMÓN, a lo largo del tiempo ha variado poco su aspecto primitivo; las mejoras introducidas por su creador se deben sobre todo a diferentes factores: la evolución lenta del estilo gráfico de Ibáñez, que a medida que transcurren los años convierte a los protagonistas en unos extraordinarios héroes, los cambios de indumentaria i los divertidísimos "gags" trepidantes en unos planos secuenciales que dejan sin respiración a los lectores. En conjunto estos factores han ido evolucionando, obteniendo el éxito total de la serie, esto propiciaría el paso siguiente; de ser unes historietes cortas, de una, dos o cuatro páginas, a verdaderas aventuras largas de 20, 40, y más páginas. Todo un reto, y una inmejorable oportunidad de desarrollar las aventuras de sus personajes al modo y estilo de las publicaciones más populares, como era tradicional en las series que se publicaban en el estilo de los cómics realistas.
La muerte del dictador Franco, la derogación de la censura y su repercusión en la liberalización de la prensa, fueron unos acontecimientos que hicieron posible una lenta pero cuidada mutación de los personajes. 

MORTADELO Y FILEMÓN al principio fueron unos protagonistas como tantos otros, fruto de la imaginación desbordada de un creador nato, el cual siempre quiso convertir sus trepidantes historias en un encadenado de "gags", similares a los antiguos filmes del cinema mudo.

Juzgar aquí y ahora MORTADELO Y FILEMÓN, una obra puntera del cómic mundial, tal vez sea pronto para poder dimensionar en su justo valor lo que significa de aportación para nuestro cómic de humor. Un factor de análisis de su trayectoria es poder disponer de una obra grande en extensión, variada en su desarrollo formal y extraordinariamente divertida. Y, por encima de todo esto, el disfrute de la obra de un catalán universal que con su ingenio y su lápiz ha conseguido agradar a todos, grandes y chicos.

La fiebre por "MORTADELO" ha atravesado fronteras y, desde hace cerca de 30 años, estas historietas aun son leídas por millones de europeos que sienten por los héroes de Ibáñez, el mismo atractivo y fascinación que sentimos nosotros.

La trayectoria de MORTADELO Y FILEMÓN y su impacto, tanto a nivel literario como estético, ha sido causa y efecto a la vez que muchos otros entrañables personajes de Ibáñez sean oscurecidos por la fama y la ingente producción de estos famosos detectives. Estos otros personajes no son menos divertidos, pero la mayoría de las veces pasan de puntillas delante del huracán de esta pareja de héroes de papel.
En justicia también hay que hacer mención de las otras creaciones de Ibáñez; desde LA FAMILIA TRAPISONDA (1959) hasta llegar a REBOLLING STREET (1987), última creación hasta el momento del dibujante. Sus más populares protagonistas son: 13 RUE DEL PERCEBE (1961) una macro-viñeta ocupada por un insólito edificio de vecinos poblado de gente anormal y que en sus inicios tuvo que padecer la tijera de la censura franquista; EL BOTONES SACARINO (1963) - al crearlo Ibáñez, en su intención estuvo el querer recordar las vivencias de su antiguo trabajo. En el año 2000, este personaje fue trasplantado al mundo de la televisión en imagen real, a falta de una crítica popular sobre esta producción, actualmente en antena, de su resultado es prematuro hacer un juicio justo; 

ROMPETECHOS (1964), a pesar de ver menos que un topo, es el más estimado y controvertido personaje creado por el artista, --inspirado en un compañero de Bruguera-- y PEPE GOTERA Y OTILIO (1966), los grandes chapuceros de los cómics.

Estos protagonistas, junto a un largo etcétera de propuestas parecidas, ayudaron a hacer más soportables los difíciles tiempos del franquismo.

La mayor parte de los héroes de Ibáñez, han ocupado las páginas de las revistas: PULGARCITO, TÍO VIVO, DIN DAN, DDT, CAN CAN, MORTADELO, SACARINO, SUPER MORTADELO, CAMPEÓN DE LAS HISTORIETAS, ROMPETECHOS, GUAI! y otras, perteneciendo respectivamente a las empresas editoriales: Bruguera, Ediciones B, y algunos otros ocasionalmente, a Grijalbo.

La obra global de Francisco Ibáñez se suma y contribuye a ser uno de los más importantes dibujantes de humor. Hoy su fantástico universo de personajes, todas sus creaciones de humor del pasado y el presente, enriquecen el patrimonio de nuestro cómic y, al mismo tiempo, se ha convertido en una parte muy importante de nuestra memoria histórica.


Josep M. Delhom
Director del M

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ILUSTRACIÓN:

 
Ibañez en el Museo del Cómic

 

 

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